Arranca la Cumbre de macizos de la paz

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La inauguración de la XVII Cumbre de los Premios Nobel de la Paz no fue el acto solemne y tieso que acostumbran ser estas ceremonias. Apenas hicieron su aparición sobre el escenario, los 11 laureados y los representantes de 19 organizaciones distinguidas con el galardón agitaron la emoción de las 3,000 personas presentes en el Centro Internacional de Congresos (CIC).

Y como si fueran las cabezas de ese cartel admirable, Rigoberta Menchú y Lech Walesa recibieron tratamiento de “rockstars”. Al terminar el acto, el obrero que cambió el destino de Polonia y otros países comunistas y la indígena maya convertida en emblema de la lucha por los derechos humanos fueron sitiados por una nube de admiradores con celulares en mano.

La jornada fue, como señaló en su mensaje el gobernador Mauricio Vila. “muy especial, un momento que quedará en la memoria de miles de personas de Yucatán, México y el mundo, pues se convertirá en un referente de diálogo y de reflexión para las siguientes generaciones sobre un tema de común interés: la necesidad permanente de la construcción de la paz global”.

Al comenzar el acto no cabía un alfiler en los cinco salones del CIC habilitados como gigantesco auditorio. Tras reiterar la bienvenida, el gobernador señaló que Yucatán se propuso desde un principio realizar una Cumbre diferente e innovadora, lo que se logró gracias al apoyo del Secretariado Permanente de la Cumbre y de su presidenta, Ekaterina Zagladina.

“Hemos preparado un evento que, gracias a su presencia, podrá marcar un antes y un después en la historia de las Cumbres Mundiales de Premios Nobel de la Paz. Un evento abierto e incluyente, en el que todos pueden participar activamente con un mismo objetivo: trabajar por un mundo mejor”, finalizó el mandatario.

Previo a su mensaje, el gobernador solicitó un minuto de silencio en memoria de las víctimas de los terremotos del 19 de septiembre de 1985 y 2017.

En su intervención, Ekaterina recordó el objetivo de la reunión: “Estamos aquí para hablar de paz, para trabajar por la paz, para avanzar hacia la paz”.

“Los hombres, mujeres y organizaciones aquí reunidos que han ganado el Premio Nobel de la Paz representan los valores más nobles de la humanidad, esos principios que nos permiten tener fe no sólo en un mejor futuro sino en un mejor presente”, continuó.

Estamos aquí para dejar nuestra huella por la paz, lo que tiene un significado profundo que va más allá de los debates, de los discursos. “Es entender que todos los seres humanos somos uno y que somos responsables uno de los otros. Es trabajar por la disminución de la pobreza y de la desigualdad, de la erradicación de todo tipo de violencia. Es vivir a fondo la espiritualidad, comprendiendo que somos seres trascendentes y que nuestros pensamientos, palabras y acciones afectan a nuestros semejantes, a nuestro ambiente y al mundo entero”.

Dejar la huella por la paz, finalmente, es comprender que somos uno no sólo con los seres humanos, sino con todos los seres vivos y la naturaleza, que nos acompañan y que nos sostienen en esta travesía vital. Por eso debemos cuidar, respetar y honrar nuestra tierra. “Hoy los invito a sumarnos al compromiso de hacer de la paz una forma de vida, la única que puede salvarnos de la destrucción”.

Enseguida, el arzobispo de Yucatán, Mons. Gustavo Rodríguez Vega, subió al estrado para leer un mensaje del Papa Francisco, quien deseó éxito al evento y convocó a los asistentes a usar el diálogo y la negociación para abrir paso a la cooperación y reforzar los vínculos de fraternidad y responsabilidad.

Por los laureados, el expresidente colombiano Juan Manuel Santos reiteró la importancia de la “paz de los seres humanos con la naturaleza” y se refirió al proceso de paz colombiano que vive hoy momentos preocupantes.

En medio de atronadores aplausos, Rigoberta tomó el micrófono para señalar, después de un breve mensaje en maya, que “estamos aquí porque creemos en la lucha contra los crímenes de lesa humanidad. Decimos no a los crímenes, no a las armas nucleares, no a la intolerancia, la falta de respeto al racismo, la discriminación y la valoración del ser humano como un ser prodigioso”.

Decimos no a la intolerancia, la falta de respeto, el racismo, y la falta de valoración del ser humano como ser prodigioso. Venimos a Mérida, a Yucatán, a México, venimos a Mesoamérica y en el corazón de la América Latina para renovar la agenda común por la paz”, finalizó.