Vagoneros golpean a atleta paralímpico en la Línea B

CIUDAD DE MÉXICO, (EL UNIVERSAL).- Alejandro Pacheco perdió la vista a causa de las drogas a los 19 años: lo último que vio fue el rostro de su madre cuidándolo tras una sobredosis. Desde hace cinco años se dedica a hacer deporte, actividad que le da la felicidad a pesar de su ceguera.

Pacheco ha participado en varias competencias internacionales en países como Estados Unidos, donde corrió en la carrera del desierto en Arizona en 2016; a ésta se le suma el Grand Prix Sao Paulo, en Brasil, donde ganó dos medallas de oro por correr en mil 500 y 5 mil metros. Incluso estuvo en un campeonato en Corea, donde quedó en quinto lugar en la carrera de mil 500 metros.

Para costear sus entrenamientos, el atleta canta en el Metro la Ciudad de México, donde el pasado 4 de mayo fue golpeado por vagoneros, los cuales le impidieron cantar en la Línea B. El suceso se conoce gracias a la difusión en los medios de comunicación, pues Alejandro mantiene contacto con varios periodistas. Ese día, y después de entrenar en el Bosque de Aragón, donde corrió 12 kilómetros de manera continua, Alejandro se dispuso a subir al Metro. A su lado iban Luis Felipe, quien corre junto con él durante los entrenamientos, y Víctor, un hombre con miopía severa que lo ayuda a trasladarse. Luis Felipe se retiró cuando llegaron a la estación y los dos invidentes entraron al Sistema de Transporte Colectivo. Para conseguir dinero, Alejandro canta en los vagones mientras Víctor va detrás de él con un vaso recibiendo las monedas que les dan.

El ritual de Pacheco antes de encender la bocina es presentarse ante las personas diciendo que es un atleta paralímpico que no tiene recursos suficientes y busca obtenerlos cantando. Antes de llegar a Ciudad Azteca, la estación terminal de la Línea B, dos vagoneros les advirtieron que en ese sentido de la estación no se podía pedir dinero ni trabajar con la bocina pues “tenían un convenio con policías”.

“Nos dijeron que de Bosque de Aragón a Ciudad Azteca sólo podían estar en los vagones puros vendedores”, explica el atleta, quien advirtió la presencia de ambos vagoneros gracias a su oído, sentido por el cual determinó que había dos personas frente a él. Ambos invidentes decidieron abordar nuevamente el Metro, pero en dirección contraria. Durante el trayecto Alejandro escuchó que un cantante se subió al vagón con micrófono y bocina, y se convenció de que se podía cantar en el Metro. La agresión. En la estación Río de los Remedios, los invidentes encontraron a un vendedor de chocolates, cuya presencia fue advertida por el oído del atleta. Alejandro se presentó y el vagonero le dijo: “Vete a tu línea. Haz base, no te puedes quedar aquí”. Pacheco se cambió de vagón. Al llegar a la estación Nezahualcóyotl, intentó bajar de nuevo y el vendedor de chocolates lo alcanzó. El hombre agredió a Alejandro, pero él lo esquivó. Ambos invidentes abordaron el convoy y el tren cerró las puertas. En ese momento, el vagonero enojado intentó abrir las puertas con las manos, logró meter el brazo y jaló la palanca de emergencia. El tren abrió las puertas y el vagonero chifló en dirección a los convoyes aledaños. A su llamado acudieron otros ambulantes, quienes preguntaron qué sucedía. “¡Estos güeyes que no se quieren ir!, ¡se hacen pendejos!”, contestó.

Al lugar llegó un vagonero más enérgico. Alejandro supone que es el jefe. Éste preguntó quién de los dos es el que veía y el vagonero de los chocolates señaló a Víctor; en ese momento el presunto líder se acercó a él y le arrojó sus lentes al suelo. Alejandro se interpuso entre ellos; ambos lo jalaron de la bocina y reventaron la correa. El aparato cayó al suelo. Pacheco comenzó a forcejear, pero no sabe con quién; si con el vagonero o con el presunto líder. El sujeto, al ver que el invidente no cedía, intentó morderlo en la cara. Los pasajeros no interfirieron. Los guardias del Metro llegaron para sacarlo del vagón y finalizaron la riña. Después de la pelea, los invidentes acudieron a la tercera Fiscalía del Estado de México para levantar una denuncia por las agresiones físicas, pero un juez conciliador les dijo que no se podía hacer nada. “¿Contra quién van a hacer la denuncia si no pueden ver quién los atacó?”, les refirió. Ante ello, Pacheco acudió a dos estaciones del Metro más y le dijeron lo mismo: “No se puede hacer nada”. En la estación Pino Suárez donde le explicaron que sólo podían darle los videos del ataque si presentaba el folio de la denuncia. Dos días después, los invidentes acudieron al Ministerio Público de La Perla, en el Estado de México, donde los regresaron a la tercera Fiscalía y, esta vez, les dijeron que sí podían levantar la denuncia; sin embargo, al único que le tomaron declaración fue a Víctor “porque ve un poco más”.

En entrevista, el atleta dice estar acostumbrado a estas situaciones: “La gente es difícil, tienen poca sensibilidad; te empujan, te patean el bastón si tienen prisa, es complicado, no hay conciencia”. A pesar de lo sucedido, Alejandro sigue trabajando. Su meta es reunir fondos para sacar unas visas, pues planea asistir a otro evento en Arizona, Estados Unidos.