domingo, octubre 24, 2021

Claudia Mijangos, La ‘Hiena de Querétaro’, primera parte

‘La Hiena de Querétaro’ asesinó a sus tres hijos tras supuestamente escuchar voces

Esta es la primera parte de una terrible historia ocurrida el domingo 24 de abril de 1989 que conmocionó a Querétaro. Sus habitantes se enterarían por los medios de comunicación del sangriento asesinato de 3 menores a manos de su madre, Claudia Mijangos.

Horas antes, en la noche del 23, Claudia Mijangos, ‘La Hiena de Querétaro’ había llamado a su amiga Verónica Vázquez para decirle que escuchaba y veía cosas: ángeles y demonios que le habían advertido que Mazatlán se “había caído” y que ” todo Querétaro era un espíritu”.

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Vázquez le dijo que se tranquilizara, que todo estaba bien y que al otro día por la mañana iría a visitarla. Cuando llegó aproximadamente a las 8 de la mañana, a la casa marcada con el 408 de la calle Hacienda Vegil, de la colonia Jardines de la Hacienda, vio una escena dantesca.

Las paredes ensangrentadas le advirtieron que algo estaba muy mal, caminó por la casa y se encontró con el cuerpo de Alfredito de 6 años de edad.

El hijo menor de Mijangos quedó a la mitad de las escaleras con un charco de sangre alrededor. En las paredes había huellas de manos y en el piso charcos de sangre.

Se estaban separando

Al ver la horrible escena Vilchis llamó a la policía y al padre de los niños, Alfredo Castaños. Un día antes Castaños había llevado a una kermés escolar a sus 3 hijos, al terminar el evento los había regresado a la casa donde vivían con su madre y él se retiró.

Desde hacía meses Claudia Mijangos y Alfredo se encontraban en un proceso de divorcio, por eso ya no compartían casa.

Los peritos encontraron dos cuerpos más en la vivienda, el de Claudia, la hija mayor de 11 años y el de María Belén de 9. A María Belén la encontraron en su habitación apuñalada en numerosas ocasiones, al lado, su madre estaba dormida con sangre en la ropa y con un cuchillo junto a ella.

Al llegar los policías la despertaron y la enviaron al hospital por el estado de shock que presentaba.

En el hospital, después de horas cuando despertó, agentes ministeriales empezaron a preguntarle qué había pasado. ‘La Hiena de Querétaro’ solo decía que tenía que ir por sus hijos a la escuela, que la dejaran ir.

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Mientras tanto, las autoridades retuvieron a Alfredo Castaños creyéndolo responsable de los hechos en un principio. Declaró lo que él sabía. Los había llevado un día antes en la noche después de la kermés a la casa de su madre, Claudia Mijangos.

Cuando los dejó discutió con ella una vez más, era cosa habitual desde hace mucho tiempo, él le dijo que volvieran, que podían arreglar las cosas pero ella una vez más lo rechazó.

Se había enamorado de otro hombre

Eso fue todo lo que sabía de aquellas horas en las que sucedió el terrible multihomicidio. Castaños sabía más, pero no lo relacionó. Sabía que una de las causas por la que se estaban divorciando era porque Claudia Mijangos se había enamorado de otro hombre.

Claudia Mijangos , ‘La Hiena de Querétaro’, que estudió administración y fue reina de belleza en su natal Sinaloa, se había mudado con Alfredo unos años atrás a Querétaro.

Montó una exclusiva tienda de ropa de mujer en el centro de la ciudad con la onerosa herencia que había recibido debido a la muerte de sus padres, y metió a sus hijos a una escuela católica, el Colegio Fray Luis de León en donde hasta la fecha imparten las clases padres de la orden de los Agustinos Recoletos.

Toda era perfecto. Con una familia bonita, estabilidad económica y sus hijos creciendo, parecía que la vida le sonreía, por eso quería regresar a la comunidad, algo, de lo bueno que ella tenía.

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Mijangos se acercó a la escuela de sus hijos y se ofreció a dar las clases de ética y catecismo a los alumnos, ahí conoció al padre Ramón. El padre Ramón era un ” tipazo”, así lo definían, además de joven y amable era muy guapo. Con sus ojos azules y su 1.90 m de altura ella se enamoró.

Se alejaba de su esposo

Claudia Mijangos cada vez se alejaba más de su esposo y era habitual encontrarla en la escuela, en las clases de catecismo. Al padre Ramón tampoco le era indiferente y comenzaron un romance.

O al menos eso apuntan versiones, porque la escuela jamás dijo nada al respecto, pero tampoco lo negó, únicamente la arquidiócesis de Querétaro tramitó el cambio del padre Ramón después de los asesinatos.

De esta relación prohibida sabía el director de la escuela, el padre Rigoberto, tanto así que habló del tema con el mismo padre Ramón y con el esposo de Claudia. El padre Rigoberto le recomendó a Alfredo que él fuera quien se quedará con la custodia de los niños, no su madre…

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