Hallan asentamiento maya cerca de Progreso con más de mil años de historia

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Los arqueólogos del INAH desenterraron el sitio K’oxol Ja’ II cerca de la costa, un poblado de pura gente trabajadora que vivió entre el mosquerío y el calorón de la zona por muchísimos siglos

¡Ponte listo, sobrino, porque esta noticia está bien sabrosa! Resulta que mientras andaban haciendo las excavaciones y el ajetreo para construir la famosa Terminal Multimodal de Progreso, la gente del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) se topó con un verdadero tesoro histórico. Sin andar buscándolo como quien busca una aguja en un pajar, desenterraron un antiguo asentamiento maya que llevaba milenios bien escondido debajo de las matas y las piedras.

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El sitio fue bautizado con el nombre de K’oxol Ja’ II, que en nuestra lengua maya significa literalmente “agua de los moscos”, un nombre que le queda como anillo al dedo por todo el plaguero que se junta en esos rumbos cerca del mar.

El grupo de especialistas que estuvo trabajando en la zona descubrió un total de 21 estructuras bien conservadas. Según comentan los que sí le saben a la historia, los primeros pobladores llegaron por ahí desde el año 400 antes de Cristo y el lugar estuvo lleno de vida hasta el 900 después de Cristo. Sacando la cuenta con paciencia, estamos hablando de que nuestros antepasados estuvieron viviendo plácidamente en ese rincón costero por más de mil trescientos años, aguantando los solazos, el sereno y la humedad.

Lo más interesante del asunto es que no se trata de grandes castillos ni de pirámides gigantescas para los reyes o los sacerdotes. K’oxol Ja’ II era más bien un pueblo de pura gente común y corriente, como cualquier vecino de tu colonia. Las casitas estaban construidas directamente sobre la mera roca madre y sus paredes eran hechas con materiales que con el tiempo se deshicieron.

Además, los investigadores se quedaron con el ojo cuadrado al ver cómo controlaban el agua dulce, pues le pusieron su buen brocal de piedra al cenote principal del rumbo para que nadie desperdiciara el vital líquido. Todo parece indicar que esta población dependía de un centro más grande llamado El Chiik, ubicado cerquita de ahí.

Los expertos ya limpiaron, arreglaron y cercaron las estructuras para que los trabajos del Tren Maya no las vayan a amolar. Las autoridades decidieron proteger todo el terreno para que nadie entre a hacer desmanes y se pueda seguir estudiando a esos mayas que no salieron en los libros de historia, pero que dejaron su huella bien marcada.

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