focas en Yucatán

El calor abrasador de 40 grados en Yucatán evoca recuerdos de un fenómeno curioso y poco conocido: la presencia de focas en Yucatán.

Aunque parece contradictorio, dado que se asocia a estos mamíferos con climas fríos, existen evidencias históricas que demuestran su existencia de las focas en Yucatán.

El doctor George Gaumer, en su libro “Mamíferos de Yucatán” publicado en 1917, documentó la presencia de la foca Monachus en las costas y islas frente a Yucatán, particularmente en el Arrecife Alacranes.

Desde 1890 se registraron avistamientos de estas focas en la región, a pesar de ser comúnmente asociadas a climas fríos.

La extinción de las focas tropicales

La historia de las focas en Yucatán no solo es un hecho curioso sino también trágico. Alfredo Barrera Vázquez, en su libro “¿Lo Ignoraba Usted?”, relató que estas focas existieron en la península y se extinguieron hacia la primera mitad del siglo XX.

Su presencia era tan notable que naturalistas como Gaumer las mencionaron en sus estudios.

La caza masiva de focas no fue exclusiva de Yucatán. En Canadá, cada año se mataban cientos de miles de focas para controlar su población.

De manera similar, la foca monje del Caribe fue llevada a la extinción debido a la caza intensa por su grasa, utilizada para aceite. Esta práctica, iniciada por los europeos en 1494, continuó hasta el siglo XX, acabando con la especie.

Registros y últimos avistamientos

Los registros históricos muestran que las focas monjes del Caribe habitaban desde el Golfo de México hasta el Caribe, prefiriendo islas y arrecifes remotos. Durante la época colonial y hasta el siglo XIX, fueron cazadas extensivamente, reduciendo su población drásticamente.

A finales del siglo XIX, se reportaron los últimos avistamientos significativos. En 1886, Henry Ward y Fernando Ferrari Pérez mataron 49 focas en la Sonda de Campeche para museos de Estados Unidos y México.

En 1911, pescadores capturaron unos 200 ejemplares en las islas de Triángulos, y para 1952, se reportó el último avistamiento comprobado.

La foca monje en la época prehispánica y colonial

Los mayas prehispánicos llamaban a estas focas “tsulá” (perro de agua) y las cazaban esporádicamente cuando se acercaban a la costa. Los huesos de foca encontrados en sitios arqueológicos como Xcambó e Isla Cerritos datan de los siglos III al XI.

Durante la Colonia, la demanda de aceite natural llevó a una caza intensiva de focas. En 1494, cronistas españoles registraron el primer encuentro europeo con las focas del Caribe en la isla de La Española. Desde entonces, la caza continuó sin tregua, contribuyendo a la extinción de la especie.

Ilustración de José Martínez para el artículo científico “La foca extinta”, de Miriam Blanco Domínguez, Rafael Borroto-Páez y Carlos A. Mancina

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El arqueólogo Anthony P. Andrews narró la triste historia de la foca tropical en un artículo científico. En 1994, la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (IUCN) declaró a la foca monje del Caribe una especie extinta.

Estudios posteriores confirmaron que la foca monje caribeña, renombrada Neomonachus tropicalis, está más emparentada con la foca monje de Hawái que con la del Mediterráneo.

La historia de las focas en Yucatán es un recordatorio de la fragilidad de los ecosistemas y la responsabilidad humana en la extinción de especies.

La documentación de estos mamíferos en un entorno tropical desafía nuestras expectativas y subraya la importancia de preservar la biodiversidad.

Este hecho histórico, respaldado por naturalistas y científicos, nos invita a reflexionar sobre cómo nuestras acciones impactan el medio ambiente y sus habitantes.

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