Chamaquito es plomeado mientras andaba de cacería con su papá en Chapab; lo confundieron con un venado

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Don apiarista pensó que un venado le saboteaba sus colmenas de miel y terminó dándole un plomazo a un chamaquito que andaba de cacería con su papá

Vaya tremendo susto y menudo embrollo se armó allá por el rumbo de Chapab, pues un pobre chavito acabó con el brazo bien amolado tras recibir el impacto de un perdigón de escopeta. Todo el relajo ocurrió al norte de la población, justamente en un apiario.

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Resulta que el dueño de las abejas, un señor de iniciales A.G., estaba bien prendido cuidando sus cajas de miel cuando de repente escuchó que la maleza se movía gacho y sacudía las ramas. El don, pensando que se trataba de un venado o de algún otro animal del monte que le quería echar a perder su chamba y destruir sus contenedores, no se lo pensó dos veces: agarró su escopeta y soltó el santo plomazo hacia los matorrales para espantar al bicho.

Lo malo es que al arrimarse a ver qué había tirado, ¡ay de mi vida!, se topó con la tristísima sorpresa de que no era ningún animal, sino un jovencito que estaba tirado y quejándose del dolor.

Según las malas lenguas, el pobre menor de edad andaba por la zona monteando y participando en una jornada de cacería en compañía de su señor padre, algo que acostumbran hacer seguido por esos rumbos. El disparo le dejó un tremendo hueco de unos dos centímetros de diámetro en el brazo izquierdo, con todo y orificio de entrada y salida, dejándolo bien herido.

De volada lo treparon y lo llevaron al Centro de Salud de la localidad para que los doctores le dieran una buena checada y los primeros auxilios. Sin embargo, como la cosa se puso fea y la lesión estaba de consideración, los paramédicos prefirieron mandarlo directo al Hospital San Miguel del municipio vecino de Oxkutzcab para que le hicieran placas y descartaran que tuviera alguna arteria rota o daños más graves en su extremidad.

Hasta ahorita, la policía municipal y los ministeriales han guardado un silencio de sepulcro y mantienen total hermetismo sobre el caso. Como el relajo fue con arma de fuego, los del hospital tuvieron que dar el pitazo obligatorio a las corporaciones de la ley para que investiguen bien el asunto.

A pesar del secreto de las autoridades, se supo por ahí que las familias de los involucrados ya se sentaron a platicar de buena manera para llegar a un acuerdo amigable, pagar las curaciones del lesionado y así evitar que el dueño del apiario termine refundido en el tambo.

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