Se hizo pasar por promotora de Morena, le dejó una despensa chafa de 500 pesos y le cambió el plástico; el pobre don Candelario se quedó sin sus 6,400 pesitos para sus consultas médicas
¡Ay, ma! De plano la gente ya no tiene ni un poquito de vergüenza ni temor de Dios. Resulta que en el municipio de Tizimín, la delincuencia anda desatada y con la mira bien puesta en nuestros pobrecitos ancianitos. Tras salir a la luz el terrible caso de doña Enriqueta Morales, a quien una mujer bien tranza le aplicó la de la pichada con sus apoyos del Gobierno, ahora se supo que otro abuelito de la zona fue víctima de esta misma delincuente que anda suelta y haciendo de las suyas por el rumbo.
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El nuevo afectado de esta canallada es Candelario May Dzib, un don de 82 años de edad que vive en la colonia Santa Rosa de Lima. Sus familiares, al ver el relajo en las redes sociales sobre el fraude anterior, abrieron bien los ojos y se dieron cuenta de que a su abuelo le habían hecho exactamente la misma jugarreta.
El pobre don relató que todo comenzó el pasado miércoles, como a las 5 de la tarde, cuando la misteriosa mujer se asomó a su cantona ubicada en la calle 77 entre 54-A y 54-B. La tipa andaba vestida igualita que en los videos que andan circulando en el internet: con su blusa vaquera a cuadros color guinda y su sombrero bien puesto.
Con la labia que se carga, la mujer dijo que iba de parte de un supuesto “programa federal de apoyo” y les pintó pajaritos en el aire ofreciéndoles despensas y hasta atención médica gratuita.
Para terminar de amarrar la confianza de la familia, la muy descarada llevaba colgado un distintivo guinda con la leyenda de “Morena”, logrando que nadie sospechara de sus malas intenciones.
Con todo el colmillo del mundo, le pidió a don Candelario su tarjeta de la Pensión del Bienestar con la excusa de que necesitaba tomarle una foto para comprobar que el don sí era beneficiario legítimo.
Fue en ese preciso descuido, mientras la familia estaba distraída viendo qué más decía, cuando la ratera cambió el plástico verdadero por uno falso y, por si fuera poco, le tomó foto al número de NIP. ¡Qué listilla nos salió!
Al día siguiente, el jueves por la mañana, la mujer regresó bien campante a bordo de un taxi del sindicato “Los Reyes”. Para taparle el ojo al macho, le entregó al abuelo una despensa bien chafa que apenas traía frijol, azúcar, unas galletas marías, avena, un botecito de aceite, pasta para sopa y una cajita de Lechera; puras cosas que en la tiendita de la esquina no pasan ni de los 500 pesos.
Además, a la bolsa le pegó una hoja impresa por ella misma que decía “Alimentación para el Bienestar”, la cual ni logotipos oficiales traía.
Antes de pelarse del sitio, todavía le tomó una foto al abuelito y prometió regresar con más apoyos, al mismo tiempo que andaba de preguntona queriendo saber si por el rumbo vivían otros adultos mayores que necesitaran medicamentos, seguro con la maña de ir a fregárselos también.
La triste realidad cayó como balde de agua fría cuando los parientes de don Candelario vieron la publicación de Al Chile en Facebook. De volada corrieron al cajero automático del banco para verificar el dinero, pero se toparon con la pared de que el NIP ya no coincidía.
Al revisar bien el sobre del plástico, se percataron de que los últimos cuatro dígitos tampoco eran los del abuelito. Lo más doloroso del asunto es que don Candelario estaba esperando con ansias esos 6,400 pesitos de su pensión para poder viajar a la ciudad de Mérida, donde cada dos meses toma su tratamiento con un quiropráctico por sus dolores.
Ahora, por culpa de esta mala mujer, no podrá asistir a su cita. Vecinos de Tizimín y de las comisarías cercanas andan bien asustados porque temen que haya más viejitos afectados.
Las autoridades ya repitieron que tengan mucho cuidado y que no le entreguen su tarjeta ni sus contraseñas a ningún pelafustán, porque ningún empleado federal va a las casas a pedir esos plásticos.


