Quería matar a su exnovia usando ChatGPT, pero la IA lo ‘sopló’ con la poli

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Quería matar a su exnovia usando ChatGPT, pero la IA lo 'sopló' con la poli

Pensó que ChatGPT sería su cómplice para vengarse de su exnovia, pero la inteligencia artificial no fue alcahueta y lo denunció directo con la policía

Estados Unidos.- ¡Mare, sobrinos! Vaya historia tan loca y espeluznante la que trascendió en las últimas horas, pues lo que comenzó como un típico ardimiento por despecho tras un truene amoroso casi termina en una sangrienta tragedia, de no ser porque la propia tecnología decidió no ser alcahueta y ponerle el alto a un chavo bien obsesionado.

Uay, sobrinos, todo este despapaye empezó allá por marzo de 2026, cuando Rachel decidió mandarle un patatús y darle de baja a su relación con Darren Zhou, un pelafustán de 25 añitos que trabajaba como analista financiero, debido a que el sujeto era sumamente controlador.

Lejos de agarrar la onda y buscarse un pasatiempo sano, el muchacho comenzó a acosar a su ex y a desahogarse escribiéndole a ChatGPT. Sin embargo, con el paso de los días, la plática con la computadora se puso más oscura que noche sin luna.

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El vato empezó a detallar cómo planeaba quitarle la vida a la muchacha y a su familia cuando ella regresara de un viaje en crucero, soltando frases frías como “si no es mía, no será de nadie”. Para colmo, el sujeto le confesó a la inteligencia artificial que ya tenía todo un arsenal listo con un rifle AR-15, una pistola Glock, una escopeta y guantes para cometer la fechoría.

¡La máquina fue de soplona!

Pero lo que no contaba el muchachito es que la inteligencia artificial no guarda secretos cuando de violencia se trata. Al detectar la gravedad de las amenazas, el uso de armas y las intenciones de un ataque, los algoritmos de OpenAI prendieron las alarmas de emergencia y le mandaron toditito el expediente directo al mismísimo FBI.

Los agentes federales pasaron el pitazo a la policía de Palm Beach, Florida, quienes montaron un operativo relámpago para resguardar a la chava y arrestar al tóxico antes de que fuera a hacer una locura.

Al final, tras declararse culpable, el juez lo condenó a ocho años de libertad condicional, le mandó poner su grillete electrónico con GPS durante dos años, le prohibió de por vida acercarse a la víctima o tocar un arma, y lo mandó a terapia obligatoria. Sobrinos, ¡menos mal que la máquina no se prestó al juego!

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