Antes de pedir caramelos y ponerse máscaras, esta festividad nació para protegerse de espíritus y honrar a los muertos, con tradiciones que hoy siguen vigentes
En Yucatán y en muchas partes del mundo, Halloween se vive como un día de disfraces, calabazas y dulces, pero su origen es mucho más profundo y hasta un poquito tenebroso.
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Todo empezó con los celtas, hace siglos, quienes celebraban el Samhain para marcar el final de la cosecha y la llegada del invierno. Ellos creían que la noche del 31 de octubre el velo entre vivos y muertos se hacía delgadito, y los espíritus podían andar sueltos por la Tierra.
Para protegerse, encendían hogueras, se disfrazaban y dejaban ofrendas de comida, con la esperanza de apaciguar a los espíritus traviesos.
Con la llegada del cristianismo y la migración irlandesa a Estados Unidos, estas costumbres se transformaron: los niños empezaron a salir a pedir dulces y las calabazas talladas, conocidas como Jack-o’-lanterns, se popularizaron gracias a la leyenda de Jack que engañó al diablo.
Hoy Halloween es más festivo y comercial, pero la esencia de protección y respeto hacia los muertos sigue ahí.
Siguiendo estas raíces, hay rituales sencillos para cuidar tu energía: limpiar tu casa antes del anochecer, encender velas blancas o luces cálidas, colocar sal en esquinas estratégicas, y hasta portar un amuleto natural como obsidiana o cuarzo.
Todo acompañado de un momento de silencio para recordar a los que ya partieron y cerrar el ritual con palabras de protección: “La luz me protege, la paz me acompaña, y todo lo que no pertenece a mi bien se aleja en armonía”.
Así, mientras los más pequeños recorren las calles pidiendo dulces, también podemos conectar con la antigua tradición celta y mantener a raya cualquier energía negativa durante esta noche de misterio y diversión.


