La bruja

Se cuenta que años atrás, en la creciente ciudad de Guadalajara, se respiraba un aire de vecindad envidiable; los ricos hacendados convivían en armonía con la gente de los alrededores, y se echaban la mano unos a otros sin miramientos.

No se presentaban problemas importantes, sólo simples rencillas que se resolvían casi al instante y volvía la paz. Fue así por largo tiempo, hasta que un día, así nada más, algunos niños aparecieron muertos en sus lechos. Los cuerpos de los pequeños estaban totalmente secos, y la población entró en una histeria total. Se culpaban unos a otros, formaron grupos para montar guardias y cuidarse de los vecinos que identificaban como sospechosos.

Sin embargo, estas medidas servían de poco, pues mientras ellos se sentaban en las puertas de las casas con un arma en mano esperando que algún cristiano apareciera, el mal llegaba volando hasta sus techos, disfrazado de lechuza. Luego de localizar bien a la víctima, a la cual habían encerrado a piedra y lodo tratando de protegerla, hacían nuevamente uso de sus artes oscuras, para convertirse en algún animal que pudiese sin problemas ingresar a la vivienda, y una vez ahí, tomar su forma natural.

Sólo el pequeño podía ver la cara de la horrible bruja que se preparaba para darle muerte, chupando toda la sangre de su cuerpo, con un par de mangueras salidas de quién sabe que parte de la anatomía de tan horrendo esperpento. La pobre criatura no tenía forma de defenderse, tan sólo se convertía en la cena de aquel maléfico ser, que después de saciar su hambre, se iba saltando a unos 10 metros de altura.

Después de tantas muertes, al fin alguien logró ver a la bruja cuando huía, y se fueron tras ella, pero sintieron impotencia pues las balas no le dañaban, por fortuna, hubo uno que no se dio por vencido, y le echó el lazo al cuello, cosa de la que el ente del mal no pudo librarse; cayó al suelo chillando y gimiendo, pero antes de que pudiera librarse, los pobladores la metieron a un saco y después le prendieron fuego. Hicieron ésto con la firme intención de que cualquier otra bruja que estuviese viendo, abandonara tales prácticas asesinas si no quería correr la misma suerte.

Aquella lección fue suficiente, no murió otro niño en la región, pero se supo que varias mujeres se mudaron al día siguiente.