Una tremenda fuga de agua en un edificio de España destapó el tremendo misterio de un abuelito, quien quedó momificado en su departamento
Si creías que tu vecino el reservado era un misterio, la historia de don Antonio te va a dejar con el ojo cuadrado y la boca abierta. Resulta que en Valencia, allá por España, las autoridades se toparon con un hallazgo de esos que te ponen los pelos de punta y te dejan pensando un buen rato: encontraron el cuerpo de un abuelito que llevaba nada más y nada menos que unos quince años de haber pasado a mejor vida en el interior de su propio hogar.
Lo más impresionante de todo este relajo es que durante toda una década y media, ni sus parientes cercanos ni la banda que vivía en el mismo edificio se habían percatado de que el pobre señor ya estaba más que frío.
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Todo este tremendo misterio salió a la luz pública de la manera más inesperada del mundo, todo por culpa de las fuertes lluvias que cayeron por esos rumbos.
Los vecinos del bloque, muy quitados de la pena, empezaron a notar una tremenda filtración de agua que venía de uno de los pisos de arriba. Pero la cosa se puso fea cuando vieron que el líquido tenía un aspecto muy feo y, para colmo, soltaba un olor que apestaba hasta el alma y que ya estaba afectando a los departamentos de junto.
De volada, la gente llamó a los servicios de emergencia para ver qué rayos estaba ocurriendo en ese predio de la calle Luis Fenollet, en el barrio de la Fuensanta.
Cuando los bomberos y los policías locales llegaron a averiguar el origen del desmadre, rompieron la entrada y se llevaron el sustazo de sus vidas. Ahí arrumbados estaban los restos momificados de don Antonio Famoso, un adulto mayor que, si estuviera vivo el día de hoy, ya tendría sus buenos 86 años de edad.
Los primeros reportes de los peritos señalan que el cuerpo se conservó así, como momia de museo, debido al puritito paso del tiempo y a que la casa tenía una buena ventilación que evitó que los malos olores alertaran a la manzana antes de tiempo. Todo apunta a que el don falleció de causas naturales, pues no había señas de que algún malandro se hubiera metido a hacerle daño.
La banda del edificio se quedó helada con la noticia. Muchos comentaron que ya llevaban un montón de años sin ver al don caminando por las calles, pero como era un señor bien reservado, tranquilo y que casi no convivía con nadie desde que se había separado de su expareja, toditos pensaron que simplemente se había mudado de casa o que sus familiares se lo habían llevado a vivir a algún asilo para ancianos.
El interior del departamento era una estampa total de abandono, lleno de polvo, suciedad acumulada y un montón de bichos por todos lados.
Pero lo que de plano dejó a todos bien turulatos fue el tema del dinero. ¿Cómo es posible que nadie sospechara en quince años?
¡Ah, pues ahí está el truco! Resulta que la cuenta bancaria de don Antonio estaba bien cargada de billetes y tenía activado el pago automático de todos los servicios de la casa, así que la luz, el agua y hasta la misma cuota de la comunidad del edificio se seguían cobrando puntualmente mes con mes sin que saltara ninguna alarma en el banco. Es más, hasta su pensión de jubilado le seguía cayendo completita cada mes. ¡Qué cosa tan impresionante de verdad!
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