El caso del panadero carnicero: cazaba a sus víctimas en el bosque de Alaska

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Robert Hansen engañó a todo Alaska con su cara de ciudadano ejemplar, pero en realidad era un temible asesino en serie que se llevaba a sus víctimas en avioneta para quitarles la vida en el bosque

¡Ay, sobrino, qué historia tan más tétrica y espeluznante! Si creías que los monstruos sólo salían en las películas de terror, hoy te vas a quedar bien turulato con el caso de Robert Hansen. Este sujeto pasó a la historia como uno de los criminales más desalmados de Estados Unidos, ganándose el tenebroso apodo del “panadero carnicero”.

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Resulta que por más de diez años, allá en la fría zona de Anchorage, en Alaska, decenas de muchachas desaparecieron de la nada sin que nadie supiera su paradero. Muchas eran adolescentes que escaparon de sus casas o jóvenes en situación muy vulnerable, por lo que las autoridades ni les hacían caso y la banda ni denunciaba formalmente las ausencias.

Mientras toda esta desgracia ocurría, don Robert llevaba una doble vida que engañaba a cualquiera. De día, el tipo era un panadero bien trabajador, un esposo ejemplar y un padre de familia que parecía no romper ni un plato. Pero de noche, se convertía en un auténtico peligro.

El don aprovechaba que tenía una pequeña avioneta propia para secuestrar a las jóvenes, privarlas de su libertad y llevarlas volando hasta lugares completamente remotos y aislados en medio de la fría naturaleza de ese lugar.

Ahí, con toda la maldad del mundo, las soltaba en el bosque y las perseguía armado, cazándolas como si fueran venados o pajaritos para luego quitarles la vida y enterrarlas entre la maleza.

La caída de este malvado personaje comenzó en junio de 1983, gracias al tremendo valor de Cindy Paulson, una valiente jovencita de apenas 17 años.

La muchacha fue secuestrada por Hansen y, justo cuando la estaba trasladando a su avioneta para llevarla al bosque, ella aprovechó un descuido de este hombre para escapar corriendo a toda prisa hacia la carretera, donde un conductor la auxilió y la salvó de una muerte segura.

Cindy fue directo con la policía, dio una descripción perfecta del sujeto y les tiró el dato de que había dejado sus zapatos bien escondidos en el coche del secuestrador para dejar una pista.

Aunque al principio el panadero se quiso hacer el desentendido, los agentes consiguieron una orden para catear sus propiedades y ¡ay, Dios mío!, ahí saltó todo el problema. Los policías encontraron alhajas de las desaparecidas, un arsenal de armas y un mapa que tenía marcadas varias letras “X”.

Esas marcas eran los lugares exactos donde el sujeto había dejado sepultadas a sus víctimas. Al verse acorralado y sin salida, Hansen no tuvo de otra que confesar que le arrebató la vida a 17 mujeres entre 1972 y 1983, aunque los investigadores sospechan que la cifra real de afectadas fue mucho mayor.

En 1984 lo refundieron en la cárcel con una condena de 461 años de prisión, bien ganada por sus terribles actos. Al final, el sujeto pasó el resto de sus días amolado tras las rejas hasta que entregó el equipo por causas naturales el 21 de agosto de 2014, a los 75 años de edad.

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