Un camillero guardaba sesos, una pierna y hasta un corazón en su cantona para meterle el diente; la policía lo torció con las manos en la masa
¡Ay, Dios mío, Santo Cristo! Prepárense para quedar con el estómago al revés, porque este chisme está de horror. Resulta que en Budapest, allá por Hungría, la policía detuvo a un pelafustán de 30 años que trabajaba como camillero en un hospital. Pero el ija no solo llevaba a los enfermos, sino que el muy desgraciado andaba juntando restos humanos de las clínicas y de camposantos abandonados. ¿Y saben para qué? ¡Para hacerse su almuerzo y comérselos!
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La Oficina Nacional de Investigación lo pescó el pasado 17 de junio tras recibir el pitazo de que algo andaba oliendo mal en su chamba y en su cantona. Cuando los uniformados entraron a catear su departamento, ¡madre mía!, se toparon con una verdadera película de miedo. El tipo tenía guardados en una maleta varios cráneos, una mano, una pierna entera, huesos y hasta un cerebro.
Por si no fuera suficiente para que les dé el telele, los peritos encontraron una máscara macabra hecha con piel de cara humana y un corazón metido en un frasco de vidrio, que todavía están checando si es de gente.
Al ser interrogado, el fulano confesó que siente una atracción muy extraña por los cuerpos humanos. Admitió sin pena que ya se había cocinado y embutido varias partes de esos restos, aunque las autoridades todavía están averiguando cuántas veces se dio ese banquete.
Los investigadores sospechan que el sujeto aprovechaba su empleo para robarse las piezas y que además viajaba hasta Eslovaquia para desenterrar muertitos en cementerios viejos.
Ya le quitaron su celular y computadoras para ver qué otras porquerías escondía. Por ahora, el ija quedó bien guardado tras las rejas, pero la lista de delitos se va a poner más larga. ¡Qué horror!
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