La mujer, quien padecía graves episodios de psicosis por consumir porquerías, acudió solita ante las autoridades para confesar el espantoso crimen
Una verdadera historia de horror que dejó con la boca abierta y el corazón apachurrado a todo el mundo se registró en la lejana ciudad de Wyong, allá en la costa central de Nueva Gales del Sur, Australia. Una mujer de 32 años terminó tras las rejas de la policía local luego de que los uniformados hallaran dentro de una vivienda el cuerpo ya sin vida de su pequeño angelito de apenas cuatro añitos de edad, en lo que representa uno de los casos más macabros y espantosos de los últimos tiempos.
Te puede interesar: Negligencia médica: Declaran muerto a un bebé y horas después revive en la morgue
Lo que más dejó helados a los agentes policiacos fue que la misma doña, de quien no se soltó su nombre por puro rollo legal, acudió solita a la comisaría este fin de semana para entregarse con toda la tranquilidad del mundo. Estando frente a los oficiales, la mujer soltó una confesión que parecía sacada de una película de caníbales: aseguró que llevaba varios días devorando a su propio hijo al comerse partes de su cuerpo cada vez que le daban unos arranques terribles de locura.
Asustados por la declaración, los policías corrieron de volada a la dirección señalada y al entrar a una de las habitaciones se toparon con la trágica escena. El niñito ya no tenía signos vitales y llevaba varios días de haber fallecido; al revisar el cuerpecito, notaron que presentaba múltiples heridas de gravedad en uno de sus brazos, confirmando la de malas que había vivido la criatura.
Lo más triste de esta desgracia es que la madre ya había sido boletinada al menos tres veces con las autoridades debido a que sufría unos episodios espantosos de psicosis inducidos por andar consumiendo drogas pesadas.
Hace cinco meses, ella y el menor llegaron a ese rumbo huyendo de la violencia doméstica en su antiguo hogar, y aunque los vecinos chismearon que los vicios de la mujer eran más que evidentes, el Departamento de Comunidades y Justicia nunca halló pruebas suficientes para quitarle al nene y protegerlo de su propia madre.
Apenas en enero pasado los trabajadores sociales le hicieron una inspección para ver si lo tenía descuidado, pero como no encontraron nada raro, la dejaron ir, hasta que la cabecita de la mujer terminó por tronar.
Ahora los vecinitos se juntaron con veladoras para recordarlo como un niño feliz, tímido y lleno de energía que no merecía este horrible final.


