Un médico certificó el fallecimiento del bebé tras un accidente en una piscina, pero el personal forense detectó que seguía respirando en la morgue
¡Ay, de veras que a veces los doctores andan bien de la pestaña y cometen unas burradas del tamaño del mundo! Resulta que en la ciudad de Gilbert, allá por Arizona, un bebé de apenas año y medio se pegó un tremendo susto y casi se nos va al otro barrio tras caerse de cabeza en la alberca de su casa.
Te puede interesar: Rescatan a 16 chamaquitos que vivian encerrados en un cuarto lleno de excremento
Lo llevaron corriendo al hospital Dignity Health Mercy Gilbert Medical Center para ver si lo salvaban, pero el médico que lo atendió, bien quitado de la pena, dijo que el nené ya no tenía remedio y firmó el papel de su muerte.
Lo que este sujeto no sabía es que el corazoncito del nené todavía quería dar batalla. Resulta que unas enfermeras bien pilas y unos policías que andaban por ahí metiendo su cuchara dijeron que vieron que el menor todavía se movía. Incluso una de las muchachas le sintió el pulso, pero el terco del doctor las tiró a lo loco y mandó al niño directo a la espantosa “sala fría” de la morgue.
Pasaron las horas y, ¡santo dios, qué milagro!, la gente del forense se quedó con el ojo cuadrado al ver que el cuerpecito se estaba moviendo y sacaba aire por la nariz. ¡El nené estaba luchando por su vida en pleno congelador! Rápido lo sacaron de ahí para volver a revisarlo y confirmaron que el pequeñuelo estaba más que vivo.
Lo malo de este tremendo chisme es que, por culpa de la tardanza del doctor, el tierno nene se quedó sin oxígeno mucho tiempo y terminó con un daño cerebral bien feo que ya no se le va a quitar.
El hospital sólo salió a decir que están muy tristes por la regada que dieron y que van a investigar a fondo, mientras que el doctorazo ni un solo regaño ha recibido por parte de las autoridades. ¡Qué poca, de veras!


