Tras el extraño fallecimiento de Brendo en el quirófano, resurge su historial negro: hace 17 años fue torcido como presunto secuestrador al servicio de Los Zetas
Luego de que les contamos sobre la misteriosa muerte del campechano Brendo Skylab Ruz García en una clínica privada al norte de Mérida, el caso dio un giro que dejó a todos con la boca abierta. Y es que, mientras la familia sigue pidiendo explicaciones porque el doctor que lo operó se peló del lugar, las investigaciones en los archivos periodísticos destaparon una tremenda cloaca que nadie se esperaba: el ahora occiso tenía un pasado bien oscuro vinculado con el crimen organizado de alto calibre.
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Resulta que al salir a la luz su identidad completa, se averiguó que este don de 52 años fue capturado hace exactamente 17 años por las autoridades federales.
Las fechas apuntan al 6 de noviembre de 2009, cuando la entonces Secretaría de Seguridad Pública federal reveló la caída de una peligrosa célula criminal en Ciudad Madero, Tamaulipas. Entre los detenidos estaba este señor que fue a morir en el quirófano yucateco, señalado directamente por trabajar como brazo ejecutor para Los Zetas y el Cártel del Golfo.
La historia que cargaba en su espalda está de miedo, puesto que la banda estaba integrada por diez sujetos que se dedicaban con todo al negocio del secuestro y la extorsión.
En las denuncias de aquel tiempo se les achacaban siete secuestros comprobados, pero los meros meros de la policía detallaron que las fuerzas de seguridad ya les tenían registradas unas 37 víctimas más; es decir, ¡más de 45 personas sufrieron en sus manos!
Esta célula operaba con impunidad en Altamira, Ciudad Madero y Tampico. Su modo de operar era bien agresivo: a base de puras amenazas de muerte, extorsionaban a los empleados de las notarías públicas de la zona para que les legalizaran las casas y terrenos que recibían como pago para liberar a las víctimas.
Por si fuera poco, también los acusaron de vender las firmas y los sellos de los notarios a los “coyotes” para hacer fraudes e historias ilícitas. Así que el expediente del difunto estaba bien cargado, mis estimados. ¡Sobre aviso no hay engaño!


